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Sin número
Los pobres no tenemos país, ni mundos numerados. De todo lado se nos echa. Cuando entramos a la panadería nadie cree en nuestros centavos, todos se cuidan del pobre, qué no vaya a robar, qué no toque nada, qué no se atreva, oh Dios, mucho menos a conmovernos. Gafas oscuras internacionales para no ver los seres con caras de hambre y desafuero, la tierra pegada en las ropas de los campesinos, rostros negros con pretensiones de derechos, histéricas mujeres cabezas de familia que tanto hablan. Los pobres no tenemos nacionalidad, sólo esa terca, inexplicable esperanza.
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